Un CAPE a nivel de las puntocom no sirve para anticipar el mercado, pero debería cambiar tus cuentas
El CAPE de Shiller, en 40,58, es una mala alarma de crash pero un útil baño de realidad: rebaja la hipótesis de rentabilidades del 10 % anual y reequilibra sin pánico.
Imagen generada con IA
¿El indicador de valoración más famoso de la bolsa grita «vende» o solo se aclara la garganta? Nuestra respuesta: ninguna de las dos. El CAPE de Shiller es un cronómetro pésimo y un mapa bastante bueno, y es fácil confundirlos.
Qué dice el indicador
Las cifras no son sutiles. Según Katusa Research, el ratio precio-beneficio ajustado cíclicamente del S&P 500 se situaba en 40,58 en septiembre de 2026, frente a una media a largo plazo de 17,8. Multpl muestra la misma lectura y un máximo de 44,19 en diciembre de 1999. Es decir, solo el pico de las puntocom fue más alto.
El CAPE divide el precio del índice entre diez años de beneficios ajustados por inflación, lo que suaviza las recesiones y los años de bonanza. La base de datos de Robert Shiller se remonta a 1871, así que el historial es largo. Ahí empieza también el problema: las lecturas muy altas son raras, por lo que la muestra de «momentos como este» es minúscula.
Es un pésimo indicador de timing, y la evidencia lo dice
Si el CAPE fuera un buen temporizador, la última década habría sido un desastre para quien le hizo caso. La propia página de Katusa admite que el mercado pasó la mayor parte de la década de 2010 por encima de la media y siguió subiendo, y que el ratio no dice nada sobre el próximo trimestre. Quien vendió pronto en nombre de la prudencia se perdió mucho.
Hay una salvedad estadística más profunda. The Prudent Speculator señala que los pésimos resultados a cinco años tras lecturas del CAPE superiores a 35 proceden de solo 34 periodos móviles, todos de 1998 a 2000. Como el ratio se mueve despacio y las ventanas se solapan, el poder predictivo aparente es «menos sólido de lo que parece», en sus palabras. Los datos de la misma firma muestran que solo el 5,68 % de las sesiones desde 1927 marcaron un nuevo máximo, y aun así evitar los techos del mercado no dio a los inversores una ventaja clara de rentabilidad.
Suma una nota al pie de la propia página de datos de Shiller: las recompras de acciones se han convertido en la forma dominante de devolver efectivo en las empresas estadounidenses, lo que puede afectar al nivel del CAPE, y por eso publica un CAPE alternativo de rentabilidad total. Con esta documentación no podemos decir en qué dirección ni en qué medida se distorsiona la cifra principal, y desconfiaríamos de quien afirme saberlo.
El uso real: baja tus expectativas y luego reequilibra
Donde el CAPE se gana el sueldo es en horizontes largos. El resumen que hace Lyn Alden del trabajo de Shiller es que las rentabilidades de los 20 años siguientes están fuertemente correlacionadas de forma inversa con el CAPE inicial. Katusa apunta que los dos episodios previos con niveles comparables, 1929 y finales de los noventa, fueron seguidos de rentabilidades a diez años cercanas a cero. Son dos datos, así que tómalos como una advertencia sobre probabilidades, no como un pronóstico.
Ahí aterrizamos. El número más peligroso de muchas hojas de cálculo de jubilación es, a nuestro juicio, el 10 % anual supuesto. Partiendo de 40 veces beneficios, creemos más prudente planificar con una cifra bastante menor y comprobar si tu plan lo resiste. Si solo funciona al 10 %, el problema es el plan, no el mercado.
La respuesta práctica es aburrida, y por eso funciona:
- Reequilibra con un calendario. Tras años de fuertes ganancias, es probable que la renta variable pese en tu cartera más de lo que elegiste. Volver al objetivo no es una apuesta por un desplome; es mantenimiento.
- Sigue aportando. Burton Malkiel, citado por The Prudent Speculator, escribió que las valoraciones son elevadas y que las rentabilidades de la renta variable a largo plazo probablemente serán menores que las recientes, pero que la bolsa sigue siendo el mejor vehículo para hacer crecer el patrimonio.
- Mira más allá del índice principal. La misma firma muestra el PER del S&P 500 ponderado por capitalización en 26,1 a 30 de junio (datos de 2024), frente a 19,6 de su versión equiponderada. La concentración forma parte de la historia. Y la investigación que cita Alden, de Meb Faber, sugiere que los mercados más baratos según el CAPE superaron al S&P 500 entre 1993 y 2018, aunque eso es rentabilidad pasada y no una promesa.
¿Quién pierde aquí? Quien trata un gráfico de valoración como una señal de trading, en cualquier dirección: los osos permanentes, que pueden tener «razón» sobre las valoraciones y perderse años de ganancias, y los optimistas que dan por hecho que las rentabilidades recientes son una ley de la naturaleza.
Nuestro veredicto: no vendas por el CAPE, pero tampoco lo ignores. Úsalo para recortar tus supuestos de rentabilidad, comprobar que tu asignación sigue encajando con tu tolerancia al riesgo y reequilibrar. Este es un análisis general, no un consejo personal, y las normas fiscales sobre el reequilibrio varían según el país y el tipo de cuenta, así que consulta las tuyas primero.
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