La Ley de Rescate de Colombia no es solo una subida del IVA, pero conviene leerla
El proyecto de Bogotá ampliaría el IVA, recortaría gasto y subiría la cotización sanitaria. Aún no está claro quién paga y los inversores deben vigilar el Congreso.
Foto: KEVIN CASTAÑEDA VILLAMIL / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Sigue siendo un rescate fiscal si la factura acaba en el carrito de la compra? Esa es la pregunta que planea esta semana sobre Colombia, y la respuesta fácil, «es un afán recaudatorio», solo es cierta a medias.
El jueves 29 de octubre, el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella registró en el Congreso la Ley de Rescate Económico, un documento de más de 300 páginas. Según la prensa, extendería el IVA a más productos y servicios, incluidas las compras en plataformas internacionales de comercio electrónico, sea cual sea su valor. También incluye una devolución del IVA dirigida a 19 millones. El objetivo principal, según BBVA Research, es un ajuste fiscal de en torno al 2 % del PIB en 2027.
El telón de fondo es un presupuesto asfixiado por el aumento de la deuda y de los costes de intereses, según un informe recogido por U.S. News. Ese mismo informe señala que Colombia sigue intentando recuperar el grado de inversión que perdió en 2021. La vicepresidenta ha dicho que el año próximo requiere un ajuste de casi 22.000 millones de dólares, además de un recorte de 4.300 millones de dólares.
Paga el consumidor, pero no siempre el mismo
La tesis fácil es que la tensión fiscal siempre acaba recayendo sobre el consumidor. Aquí el panorama es más confuso, y creemos que eso importa. El Gobierno sostiene que dos de cada tres colombianos verían mejorar sus ingresos y que hoy los más pobres pagan IVA por lo que compran, un impuesto que considera injusto para quienes menos ganan. No podemos verificar esa afirmación de forma independiente, y combinar un IVA más amplio con devoluciones es justo el tipo de diseño que luce en una nota de prensa y se pone a prueba en los detalles.
Fíjate también en la cotización sanitaria. El proyecto propone subirla al menos 1,5 puntos porcentuales para los empleados que ganan más de dos salarios mínimos, y al menos 0,5 puntos para los autónomos. Quienes ganan dos salarios mínimos o menos no se verían afectados, y la parte del empleador, el 8,5 %, se mantendría. Es un sesgo progresivo, no un apretón uniforme. Así que, a nuestro juicio, la lectura más precisa es que el coste se redistribuye hacia la clase media y media-alta, mientras que los salarios más bajos quedan en parte protegidos.
Eso no elimina el problema político. El presidente del Congreso ya ha marcado el debate con la frase de que los colombianos «no aguantan un impuesto más», como resume el titular de Semana. Cuando el propio líder del legislativo arranca así, creemos que los capítulos tributarios del proyecto son el eslabón más débil.
El lado del gasto es el que hay que vigilar
Es tentador obsesionarse con el IVA, pero el proyecto también pide facultades extraordinarias para fusionar, suprimir o crear ministerios y entidades estatales, como resume Pulzo a partir de El Espectador. Esas facultades no podrían usarse para crear impuestos. Esta separación es reveladora: el Gobierno parece querer demostrar que reforma el Estado antes de pedir más a los ciudadanos. Si eso es creíble, aún no lo sabemos. Las promesas de reestructuración son fáciles de anunciar y lentas de cumplir.
Los ahorradores deben mirar al Congreso, no al titular
Para quien tenga bonos colombianos, pesos o empresas colombianas cotizadas en Estados Unidos, The Rio Times aconseja seguir de cerca la ley de rescate. Los mercados ya han mostrado cierto nerviosismo: las acciones colombianas cayeron un 0,63 % el jueves mientras el peso se debilitaba, aunque el movimiento de un solo día demuestra poco y no sacaríamos ninguna sentencia de él.
Nuestra opinión es esta. El riesgo no es el IVA en sí, sino la dilución. Si el Congreso elimina las medidas recaudatorias y se queda solo con las políticamente baratas, el objetivo del 2 % del PIB probablemente se reduzca y la historia de la calificación crediticia se complique. Si aprueba el proyecto prácticamente intacto, es probable que el dolor a corto plazo para los consumidores sea real, pero la trayectoria fiscal resultaría más creíble. Ninguno de los dos desenlaces es seguro, y nada de lo aquí expuesto es una previsión de rentabilidad.
El consejo práctico es modesto. No operes por el titular. Sigue tres cosas: cuánto de la ampliación del IVA sobrevive en comisión, si el cambio en la cotización sanitaria sigue siendo progresivo y si los recortes de gasto se concretan o se dejan vagos. Y si eres un ahorrador colombiano, recuerda que las normas fiscales de aquí son colombianas; nada de este proyecto te dice cómo funcionan los impuestos de ningún otro país.
Veredicto: la Ley de Rescate es menos un afán recaudatorio que una apuesta a que los votantes aceptarán un impuesto a cambio de un sistema que parezca más justo. Quien decide si esa apuesta sale bien es el Congreso, no el Ministerio de Hacienda.
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